Me
gusta pensar en ese momento en el que nuestras miradas se encuentren
y tú por fin te atrevas a decir o a hacer algo que las dos ansiamos.
Yo quiero creer que tú quieres. Yo creo que tú sabes que yo quiero.
Bueno, no quiero, realmente lo necesito. Es una de estas cosas que te
apetecen sentir de vez en cuando con una persona y...¡sorpresa! para
mi esa persona eres tú. Sabes que con una mirada me lo dices todo y
me encanta ese tipo de comunicación que tenemos. Es una comunicación
que nadie más entiende y eso nos hace especiales. Cuando me miras a
los ojos me desnudas, me siento impotente y casi no me salen las
palabras. Me conoces y por eso sabes que necesito que des el paso de
demostrarme que te importo aunque sea la mitad de lo que tú me
importas a mi. Puedes acercarte y abrazarme. Te hago la firme promesa
de que ese abrazo será eterno y nos transportará a un mundo
paralelo en el que nada importará. En ese mundo paralelo estamos tú
y yo, piel con piel, sin importarnos ni lo más mínimo que el mundo
esté en guerra o que se termine.
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